CRISIS ALIMENTARIA CONTINUA EN EL SUR DE SUDÁN

Se previene la hambruna en zonas localizadas de Sudán del Sur, pero sigue habiendo una inseguridad alimentaria sin precedentes.

“Los corazones de la gente están rotos…

El país está dividido. Los políticos luchan y nosotros, la gente corriente, sufrimos ,” dice el periodista Alfred Sokia Porfilio, de la Red Radiofónica Católica de Sudán del Sur, cuyas emisoras transmiten mensaje antibélicos.

El brutal conflicto y la catastrófica mala gestión económica han devastado Sudán del Sur. Hoy, el joven país está sufriendo una crisis alimentaria sin precedentes en la que la mitad de la población está pasando hambre extrema y cerca de un millón de niños menores de cinco años sufre una grave malnutrición. La situación es muy frágil.

En febrero, Naciones Unidas declaró la hambruna en los estados de Leer y Mayendit. Las organizaciones miembro de Caritas actuaron rápido para ofrecer ayuda de emergencia, consiguiendo proporcionar alimentos a 70 000 personas en Leer y a 52 000 en Mayendit, evitando así muchas muertes por inanición.

Catholic Relief Services (CRS) repartió alimentos a más de medio millón de personas gravemente afectadas en el centro del país, mientras que CAFOD y Trocaire, asociados entre ellos (CTP), y otros miembros de Caritas ofrecieron comida, agua y servicios básicos a las personas desplazadas y a las comunidades de acogida.

En junio, Naciones Unidas declaraba que la hambruna localizada se había paliado y felicitaba a la comunidad de ayuda humanitaria por su intervención. Sin embargo, muchas atrocidades siguen destrozando el país por lo que la situación de emergencia continúa.

“La crisis es enorme”, afirma Gabriel Yai, de Caritas Sudán del Sur. “Hemos intentado llegar a las personas más vulnerables, pero no tenemos la capacidad de ayudar a toda la población afectada. Estamos hablando de más de un millón de desplazados internos”.

Nueve organizaciones internacionales miembros de Caritas, además de Caritas Sudán del Sur, tienen en marcha 54 proyectos en el país, con el propósito de llegar a 684 000 personas entre julio de 2017 y diciembre de 2018, con un presupuesto combinado de casi 23 millones de dólares. Los siguientes videos nos llevan a ver esta labor sobre el terreno.

“Hemos intentado llegar a las personas más vulnerables, pero no tenemos la capacidad de ayudar a toda la población afectada.” – Gabriel Yai, Caritas Sudán del Sur

“Tuve que correr con mis hijos”

La principal prioridad ha sido salvar vidas. Las diócesis han abierto las puertas de las instalaciones eclesiásticas a miles de personas aterrorizadas que huían del conflicto – 22 000 en Yei, Torit, Wau y Juba – mientras que Caritas está contribuyendo a las labores de ayuda humanitaria en enormes campamentos para desplazados internos.

En el campamento Mangateen, en Juba, donde Caritas Sudán del Sur lleva agua y alimentos a 8 000 personas, algunas mujeres, exhaustas, nos hablan de la violencia que las llevó a caminar cientos de millas en busca de un lugar seguro.

“Unos asaltantes rodearon la zona y empezaron a matar a la gente”, dice una mujer del estado de Jonglei, a cuyo marido dispararon delante de ella, “así que tuve que correr con mis hijos. Teníamos que escapar para salvar nuestras vidas”.

“Teníamos que escapar para salvar nuestras vidas”

Una madre mece a su hija con una herida de bala y piensa en cómo eran las cosas antes. “La vida en Duk era buena. Teníamos nuestras casas, cultivábamos nuestras tierras, teníamos ganado y pescábamos. Ahora nos han robado el ganado y han prendido fuego a nuestras casas. Ya nadie vive allí”.

“A nuestra gente no le gusta ser dependiente”

Desprovistos de medios de subsistencia, los desplazados dependen en gran parte de la ayuda alimentaria, pero en los campamentos de la diócesis católica de Tombura-Yambio y en Awerial, los agricultores están recibiendo apoyo en sus esfuerzos por reanudar la producción agrícola.

“A nuestra gente no le gusta ser dependiente”, señala Dominic Batikayo, de la diócesis de Tombura-Yambio. “Lo que hay que hacer es equipar a las personas, hacerlas fuertes, que sean autosuficientes. Les damos herramientas, les damos semillas”.

En el campamento Rii-Menze, Victor Nyoko, responsable de respuesta humanitaria en la diócesis, espera que la reciente tregua en el combate permita a los agricultores cultivar tierras cerca del campamento y, quizás, hasta volver a casa.

“Están preparando la tierra para la segunda temporada de siembra por lo que si hoy les damos estas semillas y herramientas, podrán plantar inmediatamente…. La vida está volviendo a Rii-Menze”.

La diócesis cuenta con una larga historia de apoyo a la población en épocas en las que han imperado los conflictos armados y los desplazamientos masivos de civiles. A menudo lo ha hecho sola, cuando las agencias humanitarias han tenido que retirarse.

“Es una labor que realizamos para salvar vidas”, dice Victor con sencillez. “Verdaderamente saben que la Iglesia no se preocupa solo por sus necesidades pastorales o espirituales, sino que también nos preocupamos por su bienestar”.

“Aquí nadie pasará hambre”

Todos los organismos de Caritas trabajan para hacer a las comunidades más autosuficientes en los aspectos fundamentales. En Awerial, los agentes de CRS sobre el terreno están formando a los agricultores mediante un enfoque grupal en el que las personas cultivan juntas. Esto significa un mejor rendimiento de la cosecha, como uno de los agricultores dice: “cuando recojamos las cosechas de esta tierra podremos ayudar a toda la comunidad. Aquí nadie pasará hambre – gracias a CRS”.

Desde 2015, CRS ha formado a 75 agentes sobre el terreno y a 172 grupos de agricultores. CAFOD y Trocaire, asociados, trabajan con las comunidades en proyectos de subsistencia a largo plazo, como la producción avícola, la apicultura y la mejora de la ganadería de cabras.

“Lo mejor es cuando la comunidad está recogiendo la cosecha – ves la alegría en los corazones de la gente, y en sus caras. Para cuando termine el proyecto la comunidad será autosuficiente”, explica Daniel Achiek, de CRS.

“Pudimos salvar muchas, muchas vidas” – Jerry Farrell, CRS

La autosuficiencia es esencial, dada la turbulenta historia del país y su incierto clima. Los miembros de Caritas están ayudando a la gente a prepararse para futuras catástrofes, con grupos de ahorristas, el almacenamiento de las cosechas, la gestión de la ganadería y el mantenimiento de los pozos.

La prevención de enfermedades es un punto crítico de esta formación. Un reciente brote de cólera ha acabado con la vida de cientos de personas que vivían en el Nilo, en Awerial, en el estado de Lagos. CRS pronto puso a más personal en la zona, donde promotores de la salud repartieron jabón y pastillas, y artículos para el tratamiento de las aguas, junto con información sobre higiene y agua potable. CTP también trabaja estrechamente con las familias para enseñarles a reducir el riesgo.

A lo largo de los dos últimos años, CRS ha formado a 130 personas locales para que sean promotores de la salud y de la higiene, de modo que las lecciones aprendidas se queden dentro de la comunidad – en Awerial y Juba el mensaje ha llegado a 78 000 personas. En la labor de las organizaciones de Caritas en Sudán del Sur, el 18% del presupuesto total se destina a agua, saneamiento e higiene para reducir los brotes de enfermedades.

Los casos de cólera han disminuido rápidamente. Como dice la pastora Mabinra James: “La formación nos ha ayudado a cuidar de nuestras familias y nuestros hogares. Nos ha salvado a nosotros y a nuestros hijos de contraer el cólera”.

“¿No estáis cansados de la guerra?”

La actual lucha entre las fuerzas del gobierno y los grupos de la oposición no solo está conduciendo a una crisis alimentaria sino que también está deteniendo muchas otras actividades cotidianas. Mantener las escuelas abiertas es una gran prioridad para la Iglesia Católica, un actor fundamental en el sector educativo del país.

La archidiócesis de Juba, apoyada por algunos miembros de Caritas, entre ellos CTP, CRS y Caritas Noruega, tiene casi 12 000 alumnos en sus escuelas. Caritas financia los libros, los uniformes y las tasas escolares, especialmente para las niñas, así como la construcción de letrinas, el suministro de agua potable y la formación de los profesores.

Cuidar de los niños en edad escolar en una zona de conflicto no es tarea fácil. Patricia, alumna en la escuela primaria Santos Pedro y Pablo, cuenta que los estudiantes tenían que caminar sobre cadáveres para llegar a clase. El coordinador de educación archidiocesana, el Padre David Tombe Leonardo, está de pie en un recinto en el que los niños juegan: “Detrás de mí hay fosas comunes con personas a las que dispararon por esta zona el año pasado”, dice.

Paz es lo que estos niños necesitan si queremos un futuro en el que no haya fosas comunes junto a los patios de las escuelas. “Una vez que tengamos paz, la gente podrá empezar a vivir una vida normal, algo que todo ser humano merece”, dice Mugove Chukurira, de CTP.

En una situación extremadamente tensa, los miembros de Caritas están trabajando por todo el país con el Consejo de Iglesias de Sudán del Sur para conseguir la paz, promover los derechos humanos, la resolución de conflictos y la reconciliación. CTP está instruyendo a los jóvenes sobre los derechos de los niños y CRS está incorporando a gente joven en los procesos de paz.

La paz y la educación están estrechamente conectadas, dice el Padre David a los niños. “La educación es nuestra esperanza para el futuro y queremos decirle a nuestra generación joven que debemos olvidar el pasado y perdonarnos unos a otros”. O, como Paride Taban, obispo emérito de Torit ,dijo a los jóvenes de Sudán del Sur en una reciente retransmisión radiofónica: “Perseguid vuestros sueños”.

Videos: Stephen Natanson
Historia: Harriet Paterson